viernes, 9 de octubre de 2026

La falta de vivienda frena el relevo poblacional en el nordeste de Segovia




La vivienda ha vuelto a ocupar hoy el centro del debate nacional, entre la convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre y unas movilizaciones que mantienen la presión en las calles de Madrid. Mientras en la capital el acceso a una casa se ha convertido en uno de los principales focos de preocupación social, en la España rural el problema adquiere otra dimensión, no siempre se trata de encontrar una vivienda asequible, sino de que exista una vivienda disponible para quien quiere instalarse y construir allí su proyecto de vida.

«No hay un único problema, hay muchos». La gerente de CODINSE, María del Mar Martín, sitúa así el punto de partida para entender las dificultades a las que se enfrenta el nordeste de la provincia. La comarca ha pasado, según sus datos, de unos 32.000 habitantes a apenas 10.000 y, aunque el problema de la despoblación continúa, la realidad ha cambiado, ahora no solo preocupa que los vecinos se marchen, sino que quienes quieren quedarse o llegar encuentren las condiciones necesarias para hacerlo. Y entre ellas, la primera es la vivienda.

La falta de casas disponibles condiciona incluso la capacidad de la comarca para cubrir sus necesidades laborales. Martín apunta que la población inmigrante está permitiendo cubrir puestos de trabajo que no son ocupados por trabajadores locales «por las condiciones, los sueldos o lo que sea», pero advierte de que existen también empleos que sí presentan unas condiciones adecuadas y, aun así, permanecen sin cubrir. El motivo vuelve a ser la vivienda: «Aquellos que vienen o que quieren venir se encuentran el obstáculo de la vivienda».

La dificultad afecta también a quienes ya tienen una vinculación con el territorio. «La gente que puede venir de fuera, como los jóvenes que se quieren quedar a vivir en su comarca, o los que vienen o apuestan por la vida rural no pueden y se encuentran con esas dificultades», explica la gerente de CODINSE. La falta de vivienda se convierte así en una barrera tanto para atraer nuevos vecinos como para facilitar que las nuevas generaciones puedan desarrollar su proyecto de vida en los municipios de origen.

El problema no es únicamente que haya pocas viviendas nuevas. También existe un parque residencial que no está disponible para quienes buscan instalarse. «Hay también mucha vivienda vacía que está abandonada y no se puede usar», señala Martín. A ello suma otra parte de las casas que tienen un uso temporal y cuyos propietarios «no quieren alquilarla o son reacios a ello».

En este escenario, Grajera aparece como un caso singular dentro de la comarca. Su alcaldesa, Alba Barrio Martín, lo resume con una expresión muy gráfica, «Grajera es la rara avis». El municipio ha seguido aumentando su población durante los últimos 20 años, una evolución que la regidora relaciona directamente con la existencia de viviendas disponibles. «Aunque tienes que tener unos servicios, pero lo principal es la vivienda y tener donde vivir», sostiene.

El crecimiento, sin embargo, ha empezado a frenarse. «Nuestra situación actual está un poco estancada, pero porque ya queda poca vivienda disponible», explica Barrio. La alcaldesa considera que la oferta residencial ha sido uno de los principales atractivos del municipio y que, a medida que esa posibilidad desaparece, también se reduce una de las herramientas que hasta ahora habían permitido atraer población.

La evolución de Grajera también está relacionada con un cambio en la forma de utilizar las viviendas. «La segunda residencia sumada al teletrabajo ha sido un aspecto clave», señala Barrio. Personas que antes permanecían en el municipio durante unos pocos días han empezado a alargar sus estancias y a invertir la relación entre el pueblo y la ciudad: «Igual antes se quedaban dos días y el resto se iban a la ciudad y ahora lo hacen al revés».

La alcaldesa explica que no existe un perfil único de los nuevos vecinos. «También depende del tipo de familia que sea», apunta, al referirse a las personas que llegan al municipio, ya sea mediante alquiler o compra. La localización de Grajera y sus conexiones son otros de los factores que, en su opinión, contribuyen a hacer atractivo el municipio. Pero vuelve a situar la vivienda en el centro: «Nuestro principal atractivo es que teníamos oferta de vivienda, como te digo cada vez menos».

Para Martín, recuperar parte de las viviendas que actualmente están fuera del mercado resulta fundamental. CODINSE trabaja también en el impulso de proyectos emprendedores y en las ayudas existentes para poner negocios en marcha, pero el desarrollo económico necesita estar acompañado de población y, para ello, de viviendas disponibles.

Barrio plantea, además, que una parte de la respuesta está en recuperar el patrimonio residencial existente antes de ampliar los núcleos urbanos. «Hay que cambiar la mentalidad, desatascar viviendas, viviendas que están en ruinas, conseguir que sean habitables», defiende. La diferencia no es menor desde el punto de vista económico, mientras las casas abandonadas próximas al núcleo ya disponen de suministros, crecer hacia las afueras obliga a extender agua, luz y otros servicios, con un coste adicional para las administraciones.

La experiencia de Grajera deja así una paradoja sobre la mesa. El municipio ha demostrado que disponer de vivienda puede contribuir a atraer población y que factores como el teletrabajo pueden reforzar esa tendencia. Pero también empieza a comprobar que el crecimiento tiene un límite cuando se agota la oferta residencial. En una comarca que ha perdido miles de habitantes durante las últimas décadas, la cuestión ya no es únicamente cómo evitar que los vecinos se marchen. También es cómo conseguir que quienes quieren quedarse o venir encuentren un lugar donde hacerlo.
Movilidad, sanidad y cobertura, los otros retos de vivir en el medio rural

CODINSE reclama mejores conexiones entre municipios y servicios básicos, mientras Grajera apuesta por compartir recursos y aprovechar el teletrabajo

Tener una vivienda disponible no resuelve por sí solo las dificultades para fijar población. Una vez superado el primer obstáculo, aparecen otros relacionados con la posibilidad de desplazarse, acceder a los servicios básicos o trabajar desde el propio municipio. «Los problemas más grandes son el de movilidad y el de vivienda», resume María del Mar Martín.

La movilidad condiciona especialmente la vida cotidiana. «En la vida de pueblo vives pegado a un coche, para todo», explica la gerente de CODINSE. La dependencia del vehículo afecta a los desplazamientos entre municipios, pero también a actividades tan habituales como quedar con amigos, comprar cuando no existe una tienda en el pueblo o acudir a determinadas actividades. «Aquellos que vengan de la ciudad acostumbrados al transporte público pues aquí pierden libertad», señala.

El transporte a la demanda tampoco termina de ofrecer, según la alcaldesa de Grajera, Alba Barrio Martín, una respuesta adecuada a las necesidades reales. El servicio permite solicitar desplazamientos y adaptar rutas y horarios, pero el problema aparece cuando las actividades no encajan con las frecuencias disponibles. «Tienes la hora de ir al médico, vas, pero igual no vuelves porque tu transporte de vuelta sale en media hora y ya no tienes otro», explica. «No es forma de vivir ni es útil», concluye, antes de señalar que los vecinos recurren al taxi porque les resulta más eficiente.

La sanidad constituye otro de los elementos que pueden determinar la decisión de instalarse en un pueblo. CODINSE señala que el problema afecta a generaciones diferentes. Los jóvenes necesitan tener los servicios esenciales a su alcance para plantearse vivir en estas zonas, mientras que las personas mayores que quieren jubilarse fuera de las ciudades también pueden encontrarse con dificultades. «El abandono de la sanidad a estas zonas les impide quedarse», afirma Martín.

No todos los servicios presentan, sin embargo, las mismas dificultades. Martín pone como ejemplo la educación, que considera «cubierta» gracias a la gratuidad y al transporte escolar. Aunque un municipio no disponga de escuela, explica, el autobús recoge a los alumnos y los traslada hasta el centro correspondiente.

En ese contexto, el teletrabajo representa una de las oportunidades más claras para el medio rural. Grajera ha comprobado cómo esta modalidad, unida a la segunda residencia, ha permitido que algunos vecinos prolonguen su estancia en el municipio. Pero para que esa posibilidad funcione hace falta una conexión estable.

«Una de las principales atracciones es el teletrabajo, pero para ello necesitamos conectividad constante», advierte Martín. La fibra óptica llega «a casi todos los lados», según explica, pero persiste un problema de cobertura móvil que CODINSE asegura no haber conseguido resolver. «Hay pueblos donde no hay ni un poco de cobertura, otros donde en la calle tienes algo, pero cuando entras en casa te quedas sin ella», señala.

Para Grajera, la respuesta a estas carencias no pasa necesariamente por concentrar todos los servicios en un único núcleo. Barrio defiende una estrategia conjunta de los municipios, «para prosperar como comarca, los servicios no se tienen que centralizar en un solo municipio, lo que hay que hacer es unir fuerzas e ir en conjunto todos ofreciendo todo lo posible para que la gente quiera quedarse o venir».

La alcaldesa considera que cada pueblo debe aprovechar sus propias posibilidades y que el conjunto puede ofrecer más que cada municipio por separado. En esa estrategia, la vivienda es el punto de partida, pero no el final. Porque, como resume la experiencia de Grajera y el diagnóstico de CODINSE, para atraer población no basta con disponer de una casa, también hay que poder vivir alrededor de ella.



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jueves, 8 de octubre de 2026

Vigésima octava: lanzar un laboratorio de un modelo de construcción sostenible como solución al problema de la vivienda y la despoblación




Sepúlveda podría lanzar un modelo de construcción sostenible que reinventaría el  modelo económico de la zona, atacando simultáneamente dos de los problemas más importantes que hay en España: el estrangulamiento del mercado de la vivienda y la despoblación de los pueblos.

Se podría utilizar la construcción sostenible como lanzadera de una nueva economía, algo que sería tan sencillo como permitir construir en suelo rústico en cualquier comarca con menos de 12 habitantes por kilómetro cuadrado (territorios definidos como escasamente poblados según la Unión Europea. Sepúlveda cumpliría con este requisito), siempre y cuando se cumplan dos condiciones:
  • que sea construcción sostenible (baja huella ecológica, cero emisiones, se puede construir aportando biodiversidad)
  • que sea para residentes permanentes o negocios sostenibles.
Se conseguirían tres objetivos principales:
  • resolver el problema de la vivienda (quitando presión a la ciudad y creando un mercado de calidad y renovado en el rural)
  • crear un sector económico que puede generar gran cantidad de empleos
  • crear biodiversidad para luchar contra el cambio climático
Para que esto sea posible y que se activará el modelo de forma inmediata, solo se necesitaría un Sandbox regulatorio que permitiera una flexibilización de las normas urbanísticas y la concesión de licencias con una simple declaración responsable de aceptación de estas normas. 

Sepúlveda, y sobre todo los núcleos agregados, podrían ser el laboratorio idóneo para crear un prototipo de este modelo que podría ser escalable a nivel nacional. El riesgo es muy pequeño comparado con el potencial, y no requeriría inversión pública.




miércoles, 7 de octubre de 2026

Todos los núcleos agregados de Sepúlveda desaparecerán en menos de 50 años, según un estudio




  • Más de 100 pueblos de Segovia desaparecerán en 50 años según un estudio
  • AXA y Correos calculan la esperanza de vida de las localidades en función de 21 factores. Solo conceden más de 1.000 años a Segovia, Palazuelos, La Lastrilla, Bernuy, Espirdo, Torrecaballeros y Hontanares.

Añe tiene 68 habitantes censados, una población de entre 0 y 14 años que no llega al tres por ciento, una tasa de natalidad de 0,7 nacimientos por cada 1.000 habitantes, el centro de salud más cercano se encuentra a kilómetros, no tiene colegio... Es uno de los más de 100 pueblos de Segovia que desaparecerán antes de 2077, según un estudio de AXA y Correos que ha calculado la esperanza de vida de todos los pueblos de España. Un análisis en base a 21 factores que invita a ayudar a proteger generación tras generación esas localidades en riesgo de desaparición.

Peñarrubias de Pirón, Otones de Benjumea, Fuente el Olmo de Íscar, Domingo García, Miguel Ibáñez, Pascuales, Añe, Aldehuela del Codonal, Melque de Cercos, Hoyuelos, Villoslada, Paradinas, Balisa, Villagonzalo de Coca, Bernuy de Coca, Ciruelos de Coca, Carrascal, Caballar, Aldeasaz, Berrocal, Pelayos del Arroyo... La lista de pueblos segovianos con una esperanza de vida menor a 51 años es larga y no se detiene ahí. Chavida, Urbanos, Valle de San Pedro, La Mata, Ceguilla, Martincano, Matamala, Arconcillos, Ventosilla y Tejadilla, Las Casas Altas, Siguero, Sigueruelo, La Rades, Rosuero, Mansilla, Riofrío de Riaza, El Muyo, Serracín, Becerril, El Negredo, La Pinilla, Grado del Pico, Santibáñez de Ayllón, Francos, Valvieja, Aldealázaro, Pajares de Fresno, Mazagatos, Languilla, Aldealengua de Santa María, Alconada de Maderuelo, Riaguas de San Bartolomé, Valdevarnés, Fuentemizarra, Valdevacas de Montejo, Villalbilla de Montejo, Honrubia de la Cuesta, Moral de Hornuez, San José, Valtiendas, Pecharromán, Torreadrada o Castro de Fuentidueña son otros de los que aparecen en el estudio, que se completa –en lo que se refiere a la provincia de Segovia– con Tejares, Vivar de Fuentidueña, Calabazas de Fuentidueña, Castrojimeno, Castroserracín, Cobos de Fuentidueña, Barrio de Arriba, Hinojosa del Cerro, Aldehuelas de Sepúlveda, Burgomillodo, Villaseca, Villar de Sobrepeña, Rebollar, Consuegra de Murera, Castroserna de Abajo, Castroserna de Arriba, Tanarro, Perorrubio, Vellosillo, Fresneda de Sepúlveda, Duratón, El Olmo, El Olmillo, Villafranca, Torrecilla, La Nava, Valleruela de Sepúlveda, La Fuente, Sanchopedro, Rivilla, Orejanilla, Colladillo, Riofrío, Perogordo, Puebla de Pedraza, Rebollo, Arevalillo de Cega, Arahuetes, Requijada, Valdevacas y Encinas.

«Casi todos tenemos un pueblo. Un lugar al siempre volvemos y que explica quiénes somos y cómo vivimos. Hoy el aislamiento, la despoblación y la falta de servicios hacen que la vida allí sea cada vez más incierta y ponen en riesgo su esperanza de vida», alerta el informe de AXA y Correos, que permite hacer una búsqueda individualizada de cada pueblo o explorar un mapa interactivo que es mucho más optimista con otras localidades, a las que estima una esperanza de vida superior a los 1.000 años.

Es el caso de Segovia capital, Palazuelos de Eresma, La Lastrilla, Bernuy de Porreros, Espirdo, Torrecaballeros u Hontanares de Eresma. A El Espinar le calcula 899 años, aunque es cierto que su análisis lo hace sin tener en cuenta a sus núcleos de población, es decir a San Rafael, Los Ángeles de San Rafael y La Estación de El Espinar.

AXA y Correos han desarrollado un algoritmo propio a partir del análisis de variables demográficas basadas en datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), así como variables sociales, medioambientales y de acceso a servicios básicos, como el transporte público o la presencia de oficinas de Correos. «El algoritmo ha sido configurado manejando un elevado volumen de datos, con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial (IA), que han permitido detectar patrones, tendencias y posibles anomalías de forma más rápida y precisa. Además la IA ha permitido identificar e incorporar información relacionada con la identidad cultural propia de cada municipio. Todas estas variables influyen en la capacidad de un pueblo para mantenerse vivo en el tiempo y, en conjunto, pueden incrementar o reducir años a su esperanza de vida. No obstante, algunas variables tienen un mayor peso en el cálculo y son las más determinantes de este resultado», apuntan los responsables del estudio.

A Cuéllar le calcula una esperanza de vida de 644 años en base a que el 13,2% de su población tiene entre 0 y 14 años; el 40,3% entre 15 y 49 años; el 23,4% entre 50 y 65 años; y el 23,1% más de 65 años. Su tasa de natalidad es de 0,7 nacimientos por cada 1.000 habitantes, su tendencia demográfica del 0,19% y tiene un centro de salud, cuatro farmacias, supermercados, colegios e institutos, comercios, restaurantes... El cálculo de la esperanza de vida lo estima en función de las variables citadas anteriormente pero la que mayor impacto tiene en el resultado final es la tendencia demográfica. Esta se encuentra calculada en el estudio como el promedio de las tasas anuales desde 1994 tomando como fuentes el INE.

En cada localidad, AXA y Correos citan lo que en su opinión se perdería si desapareciese ese pueblo o ciudad. En Segovia capital menciona las Fiestas de San Frutos, la Semana Santa, las Fiestas de San Lorenzo, Titirimundi, las Ferias y Fiestas de San Juan y San Pedro y la Romería de la Fuencisla, aunque da la opción al usuario de añadir otros si echa en falta algo o hay algún aspecto recogido incorrectamente.





lunes, 7 de septiembre de 2026

Reflexiones de Julio Llamazares sobre la desconexión del mundo urbano respecto a la realidad rural

 



El escritor leonés Julio Llamazares tiene como sello de sus obras la sensibilidad con el arraigo, la memoria y el paisaje. Escribe ficción, poesía y crónicas, pero ese es el hilo conductor de sus libros. La naturaleza y el campo se evocan de distintas maneras en su pluma, tal como explicó en una reciente entrevista desde su casa en Madrid.

El escritor nacido en 1955 en el desaparecido municipio de Vegamián, León -estaba situado en la ribera del río Porma, en la comarca de Montaña Oriental- abrió las puertas de su refugio personal durante el reportaje con el medio español elDiario.es.

Es autor de "La lluvia amarilla", "La lentitud de los bueyes", "Luna de lobos", "El río del olvido", "Memoria de la nieve" y "Vagalume", entre muchos otros títulos.


La naturaleza como testigo del paso del tiempo, según Julio Llamazares

"Yo vengo de un mundo que desapareció, incluso físicamente. Nací en un pueblo que está debajo del agua, pero eso es un símbolo", rememoró Llamazares sobre su pueblo natal, que quedó bajo las aguas de un embalse cuando era un niño.

"Me crié en pueblos mineros o campesinos, donde mi padre ejercía de maestro. Vengo de una cultura que ha desaparecido, y por tanto, tengo interés por eso y por las consecuencias de esa desaparición", indicó.

La pregunta que me hacía cada vez que veía un pueblo abandonado era: ¿'qué pensaría el último que se quedó aquí?'", comentó sobre el motor detrás de su obra "La lluvia amarilla".

"La cultura hoy es mayoritariamente urbana y la mirada que hay del campo suele ser una mirada urbana. El ecologismo es una mirada urbana, la gente del campo no es ecologista. Pero esa mirada está siempre desenfocada: o bien a favor o bien en contra", sostuvo.


La distorsión de la realidad en la dicotomía de lo rural y lo urbano

"Hay una mirada urbana del campo que es que son todo paletos, son rudimentarios. Es una mirada despectiva. Hasta hace poco había humoristas que hacían chistes de los de los pueblos", explicó.

"Y luego hay otra mirada que en mi opinión es peor, que es la paternalista. Los que van al campo como que es el paraíso perdido sin saber que allí las pasiones son las mismas que en las ciudades: la gente se ama, se odia, se mata", continuó.

"El problema del campo es que siempre se cuenta desde las ciudades. Raramente hay gente que vive y escribe desde allí. Y eso tiene una serie de consecuencias", manifestó.

"Yo vengo de ese mundo y me he criado en el otro, como millones de españoles y europeos. Eso me hace evitar el menosprecio y la alabanza de la aldea", aseguró.

Luego dio un ejemplo puntual: "Tú ves a la gente que va a la sierra de Madrid un domingo y va vestida como si fuera al Amazonas. Y ven una vaca y le preguntan al señor si la pueden tocar".

"Yo pienso que el paleto nacional ahora no es Paco Martínez Soria, que venía con la boina y llegaba a Atocha y miraba un semáforo con la boca abierta. Ahora el paleto es el urbanita que sale a 30 kilómetros de la ciudad y mira a una oveja como si viera una jirafa", aclaró.

"Hay una distorsión de la realidad que a mí me llama mucho la atención", remató. La palabra que usó, "paleto", se usa de manera despectiva para referirse a una "persona rústica y sin habilidad para desenvolverse en ambientes urbanos", tal como define la RAE.

"Pueblerino" o "campesino" suelen utilizarse como sinónimos, pero la diferencia es que paleto se usa con un sentido negativo. "La impresión que yo tengo es que la gente, cuando habla de la naturaleza, se refiere a la naturaleza del campo, pero la ciudad también es naturaleza", señaló.

Llamazares considera que los edificios, las calles, también son naturaleza. "Es un medio natural, más intervenido por el género humano, pero el campo también está muy intervenido: desde un avión ves el paisaje y está todo cultivado, está intervenido", enfatizó.

Sobre la nostalgia de aquellos tiempos donde había menos intervención, el autor aseguró que su intención no es recuperar lo que ya se perdió. "Se trata de fijarlos en la memoria para que no desaparezcan del todo, pero eso lo hacemos entre todos", remarcó.

"La nostalgia no tiene ningún sentido. Cualquier tiempo pasado fue peor, no mejor. No hay que idealizarlo. Lo único que fue mejor es que éramos más jóvenes y nos quedaba más tiempo por delante", sentenció.

"Simplemente considero que la memoria es fundamental para todos nosotros. Es lo más importante que tenemos, y además no es fija, sino que se va transformando", concluyó.





miércoles, 19 de agosto de 2026

Prádena (Segovia) se moviliza para buscar nuevos vecinos

 



  • Prádena pasa de 1.500 personas en verano a solo 500 en invierno
  • Sus vecinos han lanzado una campaña en redes para atraer residentes y empadronar a habituales
  • Ofrecen farmacia, bancos, comercios y una gran acogida


¿Te imaginas vivir en un lugar donde todos te reciben con los brazos abiertos? 

Eso es exactamente lo que propone Prádena, el encantador municipio de Segovia que ha decidido plantar cara a la despoblación rural con una iniciativa que se ha vuelto viral.

El contraste es drástico: el pueblo roza los 1.500 habitantes en verano, pero la cifra cae hasta los 500 durante el invierno. Para equilibrar la balanza, sus vecinos han tomado las riendas de su futuro digital.


Campaña "Adopta un nuevo vecino"

Bajo este lema, la comunidad ha lanzado una intensa campaña en redes sociales. 

El objetivo es doble:
  • Fidelizar: Convencer a quienes ya pasan allí sus vacaciones para que den el paso y se empadronen.
  • Atraer: Conectar con personas de fuera que busquen un cambio de aires y una vida más tranquila.

Servicios urbanos, tranquilidad rural

A diferencia de otras localidades que sufren el aislamiento, Prádena destaca por mantener activos todos los servicios esenciales para el día a día. Si decides mudarte, no te faltará de nada: 
  • Salud y finanzas: Farmacia y sucursales bancarias operativas.
  • Abastecimiento: Comercios locales con producto fresco y de proximidad.
  • Comunidad: Una gran calidad humana y una acogida vecinal garantizada.

Vivir en el entorno rural ya no significa renunciar a las comodidades básicas. Iniciativas como la de Prádena demuestran que los pueblos están más vivos que nunca y listos para transformarse en el próximo hogar de profesionales, familias y nómadas digitales.







jueves, 6 de agosto de 2026

Deshojando la margarita: Claves de la Estrategia para la Equidad Territorial y el Reto Demográfico

 



La Estrategia para la Equidad Territorial y el Reto Demográfico impulsada por el MITECO establece el marco de actuación público para abordar la despoblación, el envejecimiento de las zonas rurales y la brecha territorial en España. Su objetivo principal es garantizar la igualdad de derechos y oportunidades en todo el territorio, independientemente del lugar de residencia.


Puntos clave y ejes principales

  1. Garantía de servicios públicos básicos: Refuerzo de la sanidad, la educación, la atención social y la seguridad en áreas rurales o escasamente pobladas para fijar población y asegurar el bienestar ciudadano.
  2. Conectividad digital y física: Fomento de la cobertura de banda ancha de alta velocidad, despliegue de tecnología 5G y mejora de las infraestructuras de transporte local y movilidad sostenible.
  3. Dinamización económica y emprendimiento: Impulso al desarrollo local mediante el apoyo a Pymes, el turismo sostenible, la economía del cuidado, la agricultura de precisión y la atracción de talento o teletrabajadores al medio rural.
  4. Transición ecológica y energética justa: Aprovechamiento de las energías renovables, la gestión sostenible del patrimonio natural y la bioeconomía como motores de desarrollo socioeconómico para el territorio.
  5. Vivienda y regeneración urbana/rural: Facilidad de acceso a la vivienda en áreas rurales y rehabilitación del parque edificado para atraer a jóvenes y familias.
  6. Gobernanza e impacto territorial: Promoción de la colaboración interministerial, la coorganización con Comunidades Autónomas y entidades locales, y la incorporación de la "perspectiva rural" en la elaboración de nuevas leyes y políticas.

Conclusión

Este documento busca transformar los desafíos demográficos en oportunidades de desarrollo sostenible, promoviendo un modelo de país más cohesionado social y territorialmente. Un nuevo estudio repleto de generalidades y vaguedades, que ni siquiera son capaces de aplicar. Los resultados están a la vista. 




martes, 28 de julio de 2026

Ni el clima, ni la gestión: porque los hidroaviones no apagan la estupidez




Transcripción del reel de Instagram de Marc Vidal: “Los hidroaviones no apagan la estupidez”

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Cae ceniza en terrazas a 40 km de la Puerta del Sol. Tres frentes de fuego se han fusionado en uno y más de 70.000 personas han abandonado sus casas en la mayor evacuación de la historia reciente del país. Francia ha desalojado a 20.000 personas en un solo día. En Sicilia hay 6.000 efectivos desplegados.

Y, sin embargo, lo más inflamable de todo no está en el monte: está en los platós de televisión, en las redes sociales y en la propia política. Porque mientras las llamas avanzan, todo el país discute sobre quién tiene la culpa. Y esa discusión, créeme, está escenificada. Tiene formato, tiene guion y tiene ganadores.

Lo que casi nadie cuenta es que esto no empezó hace dos semanas con una ola de calor. Empezó hace más de cuatro décadas, con decisiones económicas muy concretas que nadie quiere revisar, porque revisarlas dejaría en evidencia a casi todos los que hoy gritan en esos debates.

Hoy vamos a hacer algo diferente: apagar el ruido y seguir el dinero, el incentivo y el combustible.

Vamos a examinar por qué España arde un poco más cada verano que el anterior, quién se beneficia del debate estéril que lo rodea todo, y qué decisiones económicas de hace décadas convirtieron nuestros montes en un almacén de combustible.

Según el sistema europeo EFFIS del programa Copernicus, 2026 ya es el segundo año con más superficie quemada en la Unión Europea en las últimas dos décadas… y todavía queda mes y medio de verano. España encabeza la lista con unas 130.000 hectáreas quemadas en siete meses (la media anual de la última década rondaba las 100.000). Es decir: en julio ya hemos superado lo que antes quemábamos en todo un año.

El 24 de julio el Gobierno declaró la emergencia nacional en la Comunidad de Madrid y en la provincia de Ávila tras la fusión de tres incendios en el frente de la Sierra Oeste. En Guadalajara, el incendio de Mierla lleva más de una semana activo y ha destruido por sí solo al menos 32.000 hectáreas. España ha tenido que activar el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea: hemos pedido ayuda porque nuestros recursos ya no bastan. Europa se calienta más del doble de rápido que la media mundial.

Estos son los hechos.

Menos de 24 horas después de la declaración de emergencia nacional, el asunto ya había mutado. Ya no se hablaba del monte, sino de siglas, de si el Gobierno central llegó tarde, de si la comunidad recortó en prevención, de si hay o no pacto de Estado, de los pirómanos, de si el cambio climático es el único culpable o de si el cambio climático no existe.

El diseño del debate es perfecto: solo hay dos casillas.
  • Casilla A: esto es cambio climático y quien lo niegue es negacionista.
  • Casilla B: esto es mala gestión, montes sin limpiar y pirómanos, y quien diga que es el clima te está metiendo ideología.

Elegir una te coloca automáticamente en un bando político. Eso es oro para un plató: genera ciclos de noticias, clips virales y no exige ningún conocimiento de gestión forestal. Un problema estructural de 40 años no cabe en un segmento de 90 segundos ni en un tuit. Un culpable con nombre, apellido y partido sí. La trivialización no es un accidente del sistema mediático: es su producto más rentable. La indignación es barata de producir y adictiva de consumir.

Mientras tanto, las preguntas que realmente explican los incendios (¿quién gestiona el territorio?, ¿qué incentivos hay y desde cuándo?) casi nadie las formula, porque no dividen a la audiencia en dos y porque no funcionan como entretenimiento.

Acompáñame a un pueblo cualquiera de la Sierra de Gredos en 1955.

La vida era dura, a menudo miserable. Pero mira el paisaje: cabras y ovejas pastando el matorral, vecinos subiendo a por leña, carboneros, bancales cultivados que fragmentan la ladera, pinares resinados que alguien sube a trabajar cada día. El monte era despensa y fábrica… y por eso estaba limpio. Cada cabra, cada haz de leña, cada cántaro de resina era combustible que salía del bosque. Era un sistema nacional de prevención de incendios financiado por la propia economía rural.

Entre los años 70 y 80 ese sistema se desmanteló. El éxodo rural vació los pueblos, el butano sustituyó a la leña, el pienso al pasto y la petroquímica a los productos del bosque. El campo español pasó de sostener a casi la mitad de la población a convertirse en lo que ahora llamamos, con ese eufemismo miserable pero conveniente, “España vaciada”.

Paradoja que casi nadie menciona: España tiene hoy mucha más superficie forestal que hace medio siglo. Somos uno de los países más forestales de la UE. Pero es un bosque sin nadie dentro. El matorral que antes comían las cabras se ha ido acumulando década tras década. El incendio de este verano es, en términos financieros, el interés compuesto de 40 años de abandono.

Lo que se ve: hidroaviones descargando agua al atardecer, columnas de la UME, ministros y presidentes autonómicos con chaleco de emergencia, ruedas de prensa con cara de duelo y cifras de efectivos desplegados. Todo es fotogénico, emocionante y electoralmente rentable.

Lo que no se ve: una cuadrilla desbrozando en febrero bajo la lluvia, una quema prescrita en noviembre, un rebaño pastando en enero, un plan de gestión forestal aprobado en un despacho gris.

Nada de eso sale en el telediario. Por eso se financia sistemáticamente peor. Los profesionales del sector llevan años diciendo que gastamos la mayor parte del dinero en extinción y una fracción en prevención, cuando la evidencia técnica pide exactamente la proporción inversa. El resultado es una perversión casi perfecta de los incentivos: un político racional (de cualquier color) invierte donde hay cámaras. Un hidroavión da votos; una cabra no.

La prevención es un gasto cuyo éxito consiste en que no pase nada… y en política nadie gana elecciones presumiendo de catástrofes que no ocurrieron. No hay villanos de bigote. Hay un sistema en el que cada actor hace lo que le conviene y el resultado agregado es un país que arde cada vez mejor.

El cambio climático es real, medible, y en Europa avanza más rápido que en ninguna otra parte del planeta. Negarlo es como negar el termómetro. Pero usar el clima como única explicación también es una forma de no hacer nada. Si la culpa es planetaria, ningún gestor concreto es responsable de nada concreto.

La forma honesta de decirlo es otra: el clima es el multiplicador y el abandono del territorio es la base sobre la que se multiplica.

Las mismas olas de calor sobre un monte gestionado producen incendios; sobre un monte cargado con 40 años de biomasa producen monstruos de 30.000 hectáreas que ningún dispositivo del mundo puede parar. No puedes decidir la temperatura desde Madrid, París o tu comunidad. Sí puedes decidir la carga de combustible.

España fue una potencia mundial de la resina. Decenas de miles de resinero vivían de sangrar pinos para una industria que fabricaba barnices, trementina y colofonia. Ese oficio se derrumbó entre los 60 y los 70 cuando los derivados del petróleo lo expulsaron del mercado. Y con él no solo se perdió un trabajo: se perdió al tipo que caminaba cada día entre los pinares, que los mantenía limpios porque le daban de comer y que detectaba un foco antes que nadie. Donde la resina aún sobrevive (Segovia, Soria…) los pinares todavía tienen gente dentro.

La economista Elinor Ostrom (Nobel 2009) demostró estudiando bosques y pastos comunales de todo el mundo que las comunidades conservan los recursos cuando tienen derechos sobre ellos y se benefician de cuidarlos. El monte español confirmó su tesis por la vía de la negación: cuando dejó de ser de alguien en términos económicos, dejó de importarle a nadie.

¿Cuánto cuesta esto? ¿Quién lo paga?

Extinguir una gran campaña de incendios consume cientos de millones en medios aéreos, UME, brigadas, servicios de emergencia y coches oficiales. Suma la reconstrucción, las indemnizaciones, la factura del Consorcio de Compensación de Seguros, el valor evaporado de miles de viviendas en zonas de interfaz urbano-forestal, el turismo que no vuelve y el suelo fértil que tarda décadas en recuperarse. Todo eso lo pagamos los contribuyentes, los asegurados, los vecinos evacuados… tú y yo.

¿Quién no paga nada?

El circo mediático que trivializó la emergencia y los dos políticos escribiendo en una red social. Eso genera audiencia a coste cero y nunca asume la responsabilidad del debate que impidió que se produjera.

Mientras el incentivo de fondo siga intacto (mientras la prevención no dé votos y la extinción sí, mientras el monte no valga nada en la economía real y el espectáculo lo valga todo en la economía de la atención), este vídeo se podrá volver a publicar el próximo verano cambiando solo los topónimos y la fecha.

Tú no puedes bajar la temperatura del planeta este agosto ni reformar la política forestal de tu comunidad tú solo. Pero sí puedes hacer algo que casi nadie hace: negarte a jugar al juego de esas dos casillas. La próxima vez que alguien te exija elegir entre clima o gestión, recuerda que la respuesta real es que uno multiplica al otro… y que quien te obliga a elegir te está reclutando, no informando.

Puedes preguntar en tu municipio qué plan de prevención existe (si existe).

Puedes valorar con tu consumo los productos de un monte gestionado: la madera, el pastoreo extensivo, esa resina de la que ya sabes más que la mayoría.

Y sobre todo, puedes ver el próximo debate televisivo sobre incendios sabiendo exactamente qué es: solo la parte del fuego que da audiencia.

"El monte arde en verano, pero se salva o se pierde en invierno… cuando nadie mira."





lunes, 27 de julio de 2026

Los incendios forestales no van a desaparecer. Estrategias adaptativas

 



Francisco M. Azcárate, profesor de Ecología en la Universidad Autónoma de Madrid, publica un hilo de 29 mensajes en el que desmonta los discursos simplistas sobre los incendios forestales en la península ibérica y propone una mirada más compleja y realista.

El punto de partida es claro: los incendios no van a desaparecer. Hace menos de un siglo el paisaje era muy distinto: menos árboles, menos matorral y pastos mucho más consumidos. El abandono masivo del campo y las políticas de reforestación han generado un territorio cargado de biomasa listo para arder, en un clima mediterráneo que ya de por sí favorece los fuegos (veranos secos y cálidos tras estaciones de crecimiento). Ese cambio no es fácilmente reversible ni deseable: nadie quiere volver a una economía de subsistencia.

Azcárate critica eslóganes como “el monte está sucio” o “los incendios se apagan en invierno”. La gestión forestal (desbroces, cortafuegos, claras…) es importante y se hace, pero no es una varita mágica: los montes gestionados también arden, como se ha visto recientemente en Madrid. Tratar todo lo que no es tronco o copa como “suciedad” es un error.

La solución más defendida es construir y mantener paisajes en mosaico, con más espacios abiertos. Ayudan a frenar la propagación del fuego y aportan beneficios ecológicos, aunque tampoco son inmunes. La ganadería extensiva reduce biomasa y genera fuegos de baja intensidad que se recuperan rápido, pero tampoco elimina el riesgo. Las igniciones (intencionadas o accidentales, e incluso rayos) importan, pero el verdadero problema es el tamaño y la severidad de los incendios, no su número. La orografía y, sobre todo, el cambio climático actúan como potentes aliados del fuego.

La conclusión del hilo es incómoda pero realista: no existe una solución mágica. Hay que aprender a convivir con el fuego, que forma parte del bioma mediterráneo desde hace milenios y cumple funciones ecológicas. Las medidas prioritarias serían:
  • Reducir la exposición (evitar urbanizaciones rodeadas de bosque y crear perímetros de protección alrededor de núcleos habitados).
  • Usar herramientas basadas en la naturaleza: quemas prescritas y pastoreo.
  • Tras un incendio, no reforestar automáticamente, sino rediseñar el paisaje hacia mosaicos y pastos donde sea viable.
  • Combinar educación, prevención, gestión, adaptación, investigación y unos servicios públicos de extinción bien dotados.
Un enfoque honesto, lejos de simplismos, es la mejor forma de reducir pérdidas de vidas, hogares y medios de vida, y de que los equipos de extinción afronten menos situaciones extremas.




domingo, 26 de julio de 2026

La Estrategia Ganadera de la UE reconoce por fin el papel esencial del extensivo en la gestión medioambiental

 




La Comisión Europea reconoce a la ganadería extensiva, particularmente el pastoreo ovino y caprino, como un elemento estratégico para enfrentar algunos de los mayores desafíos ambientales del continente.

Así lo recoge la nueva Estrategia Ganadera de la UE, presentada la semana pasada y que especifica que las ovejas y cabras desempeñan un papel esencial en la gestión del paisaje y en la prevención de incendios forestales. Al consumir hierbas, arbustos y vegetación seca, estos animales reducen de forma natural la carga de combustible disponible, actuando como cortafuegos biológicos y limitando la propagación de fuegos, especialmente en las regiones mediterráneas más vulnerables al cambio climático.

La estrategia destaca que la ganadería extensiva no solo contribuye a la conservación de la biodiversidad y al mantenimiento de ecosistemas abiertos, sino que también ayuda a combatir el abandono rural y fortalecer la cohesión territorial.

Por primera vez, Bruselas posiciona explícitamente a estos sistemas productivos como parte de la solución a problemas como la adaptación climática y la preservación de paisajes tradicionales. «El pastoreo extensivo se convierte en uno de los mejores aliados contra los incendios», señalan fuentes del sector, que celebran el reconocimiento institucional.

Organizaciones como Interovic han acogido positivamente la estrategia, aunque reclaman medidas económicas y de apoyo específicas para garantizar la viavilidad futura de estas explotaciones. El abandono del sector es una de las preocupaciones en Bruselas. La estrategia señala que el declive de la ganadería está estrechamente relacionado con el abandono de tierras en muchas regiones europeas. «El Centro Común de Investigación calcula 29 que alrededor del 11 % de las tierras agrícolas de la UE podrían abandonarse de aquí a 2030, mientras que casi una cuarta parte (1,38 millones de hectáreas) de todo el abandono agrícola en la UE probablemente se producirá en zonas de montaña», añade el documento, que señala que «las zonas rurales tienen un potencial increíble para convertirse en un motor de la resiliencia, el crecimiento sostenible y la preparación europeos».

Por ello, considera que «la creación de zonas rurales económicamente atractivas y habitables ayudará a retener y atraer población, contribuyendo así a la vitalidad a largo plazo de estas regiones». La nueva estrategia forma parte del esfuerzo europeo por hacer que el sector ganadero sea más resiliente, competitivo y sostenible, equilibrando producción, medio ambiente y desarrollo rural. Este reconocimiento podría abrir la puerta a incentivos y políticas de apoyo a los pastores y ganaderos extensivos en los próximos años, valorando su contribución más allá de la producción de carne y leche.




lunes, 13 de julio de 2026

UCCL alerta de peligro de abandono del cultivo de cereal en Segovia




  • En la presenta campaña la producción sufrirá una merma del 45 %, por lo que es necesario implementar medidas urgentes para garantizar la viabilidad del sector.
  • La reducción de la cosecha se suma a los altos costes de producción (fertilizantes, semilla, gasóleo, …) y al desplome de los precios en origen, agravando la difícil situación de miles de explotaciones cerealistas.

Unión de Campesinos de Segovia-UCCL alerta del grave impacto que las altas temperaturas están teniendo sobre los cultivos de cereal. Las olas de calor registradas en el mes de mayo y durante las últimas semanas han provocado importantes mermas de producción que, en numerosas explotaciones, alcanzan ya entre el 40 % y el 45 % de la cosecha respecto de la recogida en 2025, año en que con unos rendimientos elevados se rozó el umbral de rentabilidad.

Hasta el pasado mes de mayo, las perspectivas apuntaban a una campaña muy favorable gracias a las lluvias de primavera. Sin embargo, el intenso calor del mes de mayo y de las últimas semanas ha acelerado la maduración del cultivo y reducido notablemente los rendimientos.

Consultado el sector, Unión de Campesinos de Segovia-UCCL calcula que se ha cosechado un 50 % de la superficie de cebada y un 30% en trigo alcanzando una media en la provincia de Segovia que no alcanza los 2.500 kg/ha en Trigo y apenas supero lo 2.100 kg/ha en cebada

A esta importante reducción de la cosecha se suma una situación económica cada vez más preocupante. La campaña 2025/2026 vuelve a situar a las explotaciones de cereal de Segovia en una situación insostenible. Los precios que perciben los agricultores han caído hasta niveles que, en numerosos casos, ni siquiera permiten cubrir los costes de producción, mientras que los gastos en fertilizantes, carburantes, semillas, maquinaria, seguros y financiación continúan muy por encima de los registrados antes de la crisis.

En muchas explotaciones, las pérdidas económicas se sitúan entre 200 y 400 euros por hectárea, comprometiendo seriamente su viabilidad.

La organización muestra también su preocupación por las condiciones en las que se está desarrollando la campaña de recolección. Las altas temperaturas y la baja humedad incrementan el riesgo de incendios durante las labores de cosecha, por lo que Unión de Campesinos de Segovia-UCCL recuerda la importancia de extremar las medidas de prevención y revisar la maquinaria para evitar incidencias.

Ante esta situación, Unión de Campesinos de Segovia-UCCL valora el anuncio realizado por el Ministerio de Agricultura, pero considera que las ayudas previstas resultan insuficientes para compensar las pérdidas del sector en la principal comunidad productora de cereal de España.

Por ello, la organización reclama ayudas urgentes para el sector cerealista, una mejora del sistema de seguros agrarios y una respuesta firme por parte de la Consejería, acorde con el peso estratégico que el cereal tiene para la agricultura, la economía y el medio rural de Castilla y León.

«Las pérdidas de producción provocadas por el calor se suman a unos precios que no cubren los costes de producción. El sector cerealista Segoviano necesita una respuesta proporcional a la importancia de un sector esencial para nuestra la provincia de Segovia «, concluyen desde Unión de Campesinos de Segovia-UCCL.





martes, 30 de junio de 2026

La España rural concentra casi la mitad de las viviendas vacías en España




El Observatorio del Alquiler destaca un fuerte contraste en España: los municipios de menos de 10.000 habitantes concentran casi la mitad de los 3,8 millones de viviendas vacías del país, pero esto no alivia la crisis de vivienda urbana, ya que están donde no hay demanda.


La continuidad del éxodo urbano durante el inicio del nuevo milenio concentra ya al 70% de la población española en las grandes capitales y áreas metropolitanas y deja a la España rural en una situación delicada. Lo denuncia el Observatorio del Alquiler en su informe Poblaciones en peligro: acceso a la vivienda y pérdida de dotaciones, que muestra una de las grandes contradicciones territoriales que afronta España: mientras una amplia parte del territorio pierde población y acumula viviendas vacías, las grandes áreas urbanas crecen con fuerza y sufren una creciente falta de vivienda disponible.

Así las cosas, el 84% del territorio español concentra apenas el 16% de la población y reúne una parte significativa de las viviendas vacías -un 14,4% del parque residencial nacional-. En el extremo opuesto, las principales áreas urbanas han aumentado su población en más de seis millones de personas desde 2001 y concentran ya al 70% de los habitantes del país, generando una fuerte presión sobre el mercado residencial.

El informe concluye que la despoblación y la dificultad de acceso a la vivienda no son fenómenos independientes, sino dos caras de un mismo modelo de crecimiento desequilibrado: un territorio que se vacía frente a otro que se densifica hasta tensionar sus recursos.

Según el informe del Observatorio impulsado por la Fundación Alquiler Seguro, en los municipios de menos de 100 habitantes, hasta el 70% del parque residencial permanece vacío o tiene un uso muy ocasional. En aquellos con entre 100 y 500 habitantes, esta proporción alcanza el 57%. En conjunto, los municipios de menos de 10.000 habitantes, donde reside algo más del 20% de la población, concentran el 45% del total de 3,8 millones de viviendas vacías que existene en nuestro país.

Sin embargo, ese volumen de viviendas no se traduce en una oferta real de alquiler. Según un estudio de la Asociación para el Desarrollo Rural Integral de las Tierras del Jiloca y Gallocanta (Aragón), más del 55% de las personas que buscaron alquilar una vivienda en pueblos de menos de 1.000 habitantes en 2020 no lo consiguieron y acabaron desistiendo.

Entre las causas de este bloqueo se encuentran el fuerte arraigo de la propiedad frente al alquiler, el deterioro de muchos inmuebles, el vínculo emocional de los propietarios con las viviendas y la fragmentación de la titularidad debido a procesos hereditarios.

El 84% del territorio español alberga únicamente al 16% de la población. De los 8.132 municipios existentes, 4.975 -el 61,2%- cuentan con menos de 1.000 habitantes, y casi la mitad del conjunto nacional se sitúa por debajo del umbral europeo considerado de riesgo de despoblación: 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado.

La pérdida de población tiene un impacto directo sobre la sostenibilidad de estos municipios. La reducción de la base fiscal y la menor demanda provocan el cierre progresivo de servicios esenciales: entre 2012 y 2016 desaparecieron 311 oficinas postales rurales, más de 250 centros de educación infantil y primaria han cerrado en la última década, y el número de centros de salud y consultorios alcanzó en 2023 su mínimo histórico.

En el lado contrario se encuentran las grandes áreas urbanas, que han incorporado más de seis millones de habitantes desde 2001 y concentran actualmente el 70% de la población española. Este crecimiento demográfico ha aumentado la presión sobre el mercado inmobiliario, especialmente en el alquiler, donde la oferta existente no ha sido capaz de absorber el incremento de la demanda.





viernes, 26 de junio de 2026

El laberinto de la sed: la ineptitud burocrática ahoga a los pueblos de Segovia



Abrir el grifo y que salga agua limpia es un gesto cotidiano que la mayoría de la sociedad da por sentado. Sin embargo, para miles de vecinos en la provincia de Segovia, este acto elemental se ha convertido en una lotería, un lujo o, directamente, en un motivo de profunda indignación popular. La crisis hídrica que azota a nuestros pueblos no es una consecuencia inevitable del cambio climático o de la sequía; es el reflejo de una ineptitud crónica, una alarmante falta de previsión y el pasotismo burocrático de unas administraciones estatales, autonómicas y locales que parecen más ocupadas en lanzarse reproches mutuos que en enterrar tuberías.

La falta de agua potable en Segovia no es un problema aislado: es un mal sistémico. Los casos más recientes y los históricos configuran un mapa de la desidia institucional que asfixia al medio rural.


El Espinar: querellas, palés de botellas y el grifo cerrado por decreto

El ejemplo más flagrante y actual de este sinsentido administrativo lo sufre El Espinar, junto a los vecinos de la Mancomunidad de la Mujer Muerta y varios barrios de Segovia capital. De la noche a la mañana, miles de hogares se enfrentan a un corte inminente del suministro por una carambola surrealista de decisiones de despacho.

La Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) ordenó dejar agotar el gasóleo que alimentaba el sistema de bombeo alternativo desde el embalse de Puente Alta. La respuesta oficial ante la inminente crisis ha sido un clásico de la peor gestión política española: repartir 27 palés de agua embotellada mientras el Ayuntamiento —con el alcalde Javier Figueredo a la cabeza— prepara querellas criminales contra la cúpula de la CHD y amenaza con movilizaciones y cortes de carreteras.

Aunque la CHD se escuda en motivos de seguridad estructural para vaciar la presa de El Tejo y saca pecho por haber invertido 2,2 millones de euros en un sistema alternativo, la realidad sobre el terreno es tozuda: el combustible se apaga, las infraestructuras se quedan inutilizadas y los ciudadanos se quedan sin agua. Cuando la burocracia estatal y la local colisionan, el que paga los platos rotos es siempre el vecino que no puede ni ducharse.


Vellosillo y Duratón: promesas rotas y el silencio por respuesta

Si bajamos al nordeste de la provincia, a las pedanía de Vellosillo y Duratón (Sepúlveda), el panorama ya no es de conflicto abierto, sino de un silencioso y desesperante abandono institucional. En el verano de 2025, los vecinos de esta localidad y de Duratón sufrieron un "apagón hídrico" que los dejó diez días seguidos sin agua corriente. Ante el escándalo, el Ayuntamiento de Sepúlveda y el presidente de la Diputación de Segovia se comprometieron públicamente a construir un depósito de agua esencial antes del verano de 2026.

Un año después, las obras ni han comenzado, ni se las espera. Peor aún: el consistorio sepulvedano ha optado por el mutismo absoluto, ignorando los correos, llamadas y escritos de los vecinos mientras el alcalde esquiva el tema en los medios locales. Una muestra flagrante de cómo se maltrata a la España vaciada, obligándola a mendigar respuestas básicas sobre proyectos vitales para los núcleos que carecen de depósito propio.


Un mapa provincial de la desidia: Aarsénico, nitratos y parches

Lo de El Espinar y Vellosillo no son anécdotas; son los últimos capítulos de una crónica negra que se extiende por toda la geografía segoviana:

  • Lastras de Cuéllar (El símbolo de la vergüenza): Sus habitantes llegaron a encadenar más de seis años consecutivos sin poder beber agua del grifo debido a los altos niveles de arsénico y nitratos en sus acuíferos. Durante más de 2.000 días, la única "solución" de la Junta de Castilla y León y la Diputación fue instalar un grifo público conectado a una potabilizadora portátil donde los vecinos hacían cola con garrafas, evidenciando un retraso burocrático intolerable para ejecutar una nueva red de abastecimiento.

  • Cantimpalos (La paradoja del motor económico): Un municipio conocido internacionalmente por su industria cárnica ha visto truncado su día a día en repetidas ocasiones cuando la Delegación Territorial de Sanidad ha prohibido el consumo humano por contaminación de nitratos. La incapacidad de las administraciones para adelantarse al impacto medioambiental de la agricultura y ganadería intensiva deja a los motores económicos de la provincia en la más absoluta precariedad hídrica.

  • Bernardos y la comarca del Voltoya (La sangría de las fugas): En esta zona, las redes de distribución son tan obsoletas que se registran pérdidas de agua por fugas que superan el 40% o 50% en algunos tramos. En lugar de acometer una renovación integral de las tuberías con fondos autonómicos o estatales, se normaliza el envío de camiones cisterna de la Diputación, un parche carísimo que paga el contribuyente y que no soluciona nada.

  • Ayllón y el turismo estacional (La falta de previsión): Municipios como Ayllón o Riaza ven multiplicada su población en verano. Al no haberse adaptado las infraestructuras ni ampliado la capacidad de los depósitos locales para absorber esta demanda estacional, los ayuntamientos se ven obligados año tras año a emitir bandos de urgencia prohibiendo el riego, el llenado de piscinas o restringiendo el consumo en horas punta.


El patrón de la incompetencia

Al conectar todas las piezas, el patrón de comportamiento de las distintas administraciones del Estado resulta idéntico y predecible:

  1. Reacción tardía: Solo se actúa cuando los niveles de veneno en el agua superan los límites legales o cuando los grifos ya no echan ni una gota.

  2. El juego de la patata caliente: Las Confederaciones Hidrográficas culpan a los ayuntamientos; los ayuntamientos culpan a la Junta por la falta de subvenciones; y la Junta señala al Gobierno central. Nadie asume la culpa, nadie asume la responsabilidad.

  3. La institucionalización del parche: Se ha normalizado que la solución a una crisis de infraestructura básica sea un camión cisterna o un palé de botellas de plástico en la plaza del pueblo.

El agua en Segovia no falta solo porque el cielo no llueva; falta porque no hay una gestión política seria ni una inversión real. Mientras las administraciones sigan enredadas en competencias cruzadas y promesas electorales que se olvidan al llegar el verano, los pueblos de Segovia seguirán secándose ante la indiferencia de los despachos. Un maltrato sistemático a un medio rural al que se le llena la boca defender en los mítines, pero al que se le corta el grifo en la realidad diaria.

Fuente: Gemini





martes, 2 de junio de 2026

La " revolución ciudadana rural" de Cerca Energía en el Alto Jalón




La comunidad energética Cerca Energía entra en una nueva etapa después de cerrar el proyecto europeo Life Jalón y renovar su Consejo Rector, pero lo hace con una idea clara: el camino no termina, sino que empieza ahora su fase de consolidación y crecimiento. José Ángel Zabalegui, coordinador de proyectos de Cerca Energía, ha intervenido esta mañana en Los Desayunos de Buenos Días Alto Jalón para explicar cómo una iniciativa que hace apenas cuatro años parecía compleja, casi experimental, se ha convertido ya en una realidad con presencia en pueblos del valle del Jalón zaragozano y soriano.

Zabalegui ha defendido que Cerca Energía representa una alternativa al modelo energético tradicional, basado en grandes centros de producción, redes de distribución controladas por grandes compañías y consumidores que apenas pueden elegir más allá de cambiar de comercializadora. Frente a ese esquema, la cooperativa propone producir cerca de donde se consume, compartir instalaciones entre vecinos, ayuntamientos, negocios y empresas, y conseguir que una parte del gasto eléctrico se quede en los propios pueblos.

DE CONSUMIDORES PASIVOS A PROTAGONISTAS DE LA ENERGÍA

El coordinador de proyectos ha explicado que el modelo energético actual sitúa a los vecinos, ayuntamientos y pequeñas empresas en la última fila del sistema. Todos consumen electricidad, todos pagan cada mes, pero muy pocos tienen capacidad real para decidir cómo se produce esa energía, quién se beneficia de ella o qué retorno deja en el territorio. Cerca Energía nace precisamente para cambiar esa posición y convertir a los consumidores en protagonistas activos.

Zabalegui ha resumido ese cambio como una “pequeña revolución ciudadana rural”, pacífica y legal, amparada por la normativa europea y orientada a demostrar que los pueblos no tienen por qué limitarse a ver cómo se llenan sus campos de grandes proyectos renovables sin que el beneficio revierta directamente en quienes viven allí. La clave, ha dicho, no es solo producir energía limpia, sino decidir colectivamente cómo se produce, dónde se produce y para quién se produce.

UN MODELO TERRITORIAL, NO SOLO MUNICIPAL

Uno de los elementos más innovadores de Cerca Energía ha sido no limitarse a una comunidad energética por municipio. Zabalegui ha detallado que muchas comunidades nacen en un solo pueblo, crean una entidad propia y desarrollan una instalación de autoconsumo colectivo. Ese modelo puede funcionar en determinadas localidades, pero resulta más difícil en núcleos pequeños, con poca población y menor capacidad técnica o económica.

Por eso, el proyecto Life Jalón apostó por una comunidad energética de ámbito territorial, capaz de agrupar pueblos distintos, sumar recursos y generar una red comarcal. Esa decisión ha permitido llegar a municipios de la Comunidad de Calatayud y también del Alto Jalón soriano, con instalaciones repartidas desde Medinaceli hacia distintos puntos del valle.

Los datos reflejan ya esa consolidación: Cerca Energía cuenta con 18 instalaciones impulsadas en 15 municipios, de las cuales 15 están ya en funcionamiento, más de 130 socios y más de 250 puntos de suministro gestionados. Para Zabalegui, estas cifras demuestran que el proyecto ha dejado de ser una prueba piloto y se ha convertido en una referencia aragonesa, nacional y europea.


“LA UNIÓN HACE LA FUERZA” TAMBIÉN EN LA FACTURA ELÉCTRICA

La lógica del proyecto es sencilla, pero transforma por completo el planteamiento habitual. En lugar de que cada vecino instale placas en su propia vivienda, con el coste, la obra, la orientación y las dificultades técnicas que eso implica, Cerca Energía propone instalaciones colectivas compartidas. Así se reducen costes, se aprovechan cubiertas disponibles y se genera un sentimiento de comunidad que va más allá del ahorro individual.

Zabalegui ha insistido en que el mundo rural conoce bien esta lógica: en los pueblos, las asociaciones, las cooperativas y los proyectos compartidos han sido siempre una forma de resistir y avanzar. La energía, ha defendido, puede seguir ese mismo camino. No se trata solo de placas solares, sino de organización vecinal, colaboración con ayuntamientos y capacidad colectiva para retener valor en el territorio.


LAS TRABAS DE UN SISTEMA PENSADO PARA OTROS ACTORES

El crecimiento de Cerca Energía no ha estado exento de dificultades. Zabalegui ha diferenciado entre el papel de las comercializadoras y el de las distribuidoras. Las primeras compiten de forma agresiva por los clientes, muchas veces con campañas telefónicas difíciles de entender para personas mayores o con menor cultura energética. Las segundas operan en un mercado mucho más cerrado, porque son las responsables de la red y, en la práctica, actúan con una posición de fuerza frente a proyectos que necesitan trámites, conexiones y respuestas técnicas.

Ahí es donde, según ha explicado, aparecen muchas fricciones. Las comunidades energéticas piden a las distribuidoras que cumplan lo que marca la ley para poder reducir su dependencia del sistema tradicional. En otras palabras, solicitan ayuda administrativa y técnica para dejar de pagar una parte de la energía a ese mismo sistema. Esa contradicción explica, a su juicio, buena parte de las resistencias.

Aun así, Zabalegui ha señalado avances normativos importantes, como el aumento del radio de acción de las comunidades energéticas de dos a cinco kilómetros, el refuerzo del papel de los ayuntamientos y la creación de una ventanilla permanente para resolver conflictos con las distribuidoras. Son cambios que no eliminan todos los problemas, pero que empiezan a reconocer una realidad cada vez más evidente: las comunidades energéticas han llegado para quedarse.


UNA HERRAMIENTA CONTRA EL MODELO EXTRACTIVO

La entrevista ha situado también el debate de fondo sobre las renovables en el Alto Jalón. Mientras avanzan grandes parques eólicos y macroplantas solares declaradas de interés general, muchos pueblos se preguntan qué beneficio real dejan esos proyectos en el territorio. Cerca Energía plantea una respuesta distinta: instalaciones más pequeñas, vinculadas a los consumos locales y orientadas a que el ahorro, la renta disponible y los márgenes económicos permanezcan en las comarcas.

Zabalegui ha defendido que no se trata únicamente de discutir cuánta energía puede producir una comunidad energética, sino de cambiar la forma de producirla. Frente a un sistema centralizado, vulnerable y dependiente de grandes infraestructuras, el modelo distribuido permite producir cerca del consumo y construir una red más resistente, más justa y más pegada al territorio.


CERCA ENTRA “EN ÓRBITA” TRAS LIFE JALÓN

El cierre del proyecto europeo Life Jalón marca el final de una primera fase. Zabalegui ha utilizado la imagen de un cohete para explicar el momento actual: la etapa de mayor tracción, la que permitió poner en marcha la cooperativa, levantar instalaciones, ganar confianza y demostrar que el modelo funciona, ya se ha desacoplado. Ahora, Cerca Energía entra “en órbita”.

Esa nueva etapa tendrá dos direcciones. Por un lado, crecer “a lo ancho”, con más instalaciones fotovoltaicas colectivas en más pueblos y con apoyo a ayuntamientos que ya tienen placas solares y necesitan gestionarlas mejor. Por otro, crecer “a lo alto”, incorporando nuevos servicios como almacenamiento comunitario, baterías compartidas, eficiencia energética o sustitución de calderas de gasóleo por sistemas más sostenibles como la aerotermia.


SOBERANÍA ENERGÉTICA PARA FIJAR ACTIVIDAD

El concepto de soberanía energética ha sido uno de los ejes de la conversación. Para Zabalegui, la energía es estratégica para el desarrollo socioeconómico de los pueblos porque afecta a familias, ayuntamientos, negocios, fábricas y servicios públicos. Además, en el medio rural el coste energético puede tener un peso proporcional mayor que en la ciudad, tanto por la climatología como por las características de viviendas, explotaciones y pequeñas empresas.

Planificar una energía más cercana, más estable y más accesible puede actuar, ha explicado, como un “imán de pertenencia y permanencia”. Una instalación fotovoltaica tiene una garantía de producción de al menos 25 años, lo que obliga a pensar a largo plazo. Quien invierte en energía comunitaria está proyectando futuro, no solo ahorro inmediato.


UNA NUEVA ETAPA CON MÁS DE 130 SOCIOS

La renovación del Consejo Rector simboliza también ese cambio de etapa. La cooperativa nació gracias al impulso de un grupo inicial de voluntarios del territorio, cuando todavía no había instalaciones ni certezas. Ahora, ese relevo se produce con más de 130 socios y con representantes vinculados ya a proyectos que funcionan sobre el terreno.

Para Cerca Energía, el reto será seguir sumando pueblos, vecinos, ayuntamientos, comercios y empresas. Cuantas más personas participen, más capacidad tendrá el modelo para demostrar que el Alto Jalón puede producir parte de su energía, consumirla localmente y retener los beneficios en sus propios municipios.

La conclusión que deja la intervención de Zabalegui es clara: la revolución energética del valle del Jalón no es una promesa lejana. Ya está en marcha, tiene placas instaladas, pueblos implicados, suministros gestionados y una idea de fondo que interpela directamente al mundo rural: si la energía sale del territorio, el valor también debe quedarse en el territorio.