martes, 28 de julio de 2026

Ni el clima, ni la gestión: porque los hidroaviones no apagan la estupidez




Transcripción del reel de Instagram de Marc Vidal: “Los hidroaviones no apagan la estupidez

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Cae ceniza en terrazas a 40 km de la Puerta del Sol. Tres frentes de fuego se han fusionado en uno y más de 70.000 personas han abandonado sus casas en la mayor evacuación de la historia reciente del país. Francia ha desalojado a 20.000 personas en un solo día. En Sicilia hay 6.000 efectivos desplegados.

Y, sin embargo, lo más inflamable de todo no está en el monte: está en los platós de televisión, en las redes sociales y en la propia política. Porque mientras las llamas avanzan, todo el país discute sobre quién tiene la culpa. Y esa discusión, créeme, está escenificada. Tiene formato, tiene guion y tiene ganadores.

Lo que casi nadie cuenta es que esto no empezó hace dos semanas con una ola de calor. Empezó hace más de cuatro décadas, con decisiones económicas muy concretas que nadie quiere revisar, porque revisarlas dejaría en evidencia a casi todos los que hoy gritan en esos debates.

Hoy vamos a hacer algo diferente: apagar el ruido y seguir el dinero, el incentivo y el combustible.

Vamos a examinar por qué España arde un poco más cada verano que el anterior, quién se beneficia del debate estéril que lo rodea todo, y qué decisiones económicas de hace décadas convirtieron nuestros montes en un almacén de combustible.

Según el sistema europeo EFFIS del programa Copernicus, 2026 ya es el segundo año con más superficie quemada en la Unión Europea en las últimas dos décadas… y todavía queda mes y medio de verano. España encabeza la lista con unas 130.000 hectáreas quemadas en siete meses (la media anual de la última década rondaba las 100.000). Es decir: en julio ya hemos superado lo que antes quemábamos en todo un año.

El 24 de julio el Gobierno declaró la emergencia nacional en la Comunidad de Madrid y en la provincia de Ávila tras la fusión de tres incendios en el frente de la Sierra Oeste. En Guadalajara, el incendio de Mierla lleva más de una semana activo y ha destruido por sí solo al menos 32.000 hectáreas. España ha tenido que activar el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea: hemos pedido ayuda porque nuestros recursos ya no bastan. Europa se calienta más del doble de rápido que la media mundial.

Estos son los hechos.

Menos de 24 horas después de la declaración de emergencia nacional, el asunto ya había mutado. Ya no se hablaba del monte, sino de siglas, de si el Gobierno central llegó tarde, de si la comunidad recortó en prevención, de si hay o no pacto de Estado, de los pirómanos, de si el cambio climático es el único culpable o de si el cambio climático no existe.

El diseño del debate es perfecto: solo hay dos casillas.
  • Casilla A: esto es cambio climático y quien lo niegue es negacionista.
  • Casilla B: esto es mala gestión, montes sin limpiar y pirómanos, y quien diga que es el clima te está metiendo ideología.

Elegir una te coloca automáticamente en un bando político. Eso es oro para un plató: genera ciclos de noticias, clips virales y no exige ningún conocimiento de gestión forestal. Un problema estructural de 40 años no cabe en un segmento de 90 segundos ni en un tuit. Un culpable con nombre, apellido y partido sí. La trivialización no es un accidente del sistema mediático: es su producto más rentable. La indignación es barata de producir y adictiva de consumir.

Mientras tanto, las preguntas que realmente explican los incendios (¿quién gestiona el territorio?, ¿qué incentivos hay y desde cuándo?) casi nadie las formula, porque no dividen a la audiencia en dos y porque no funcionan como entretenimiento.

Acompáñame a un pueblo cualquiera de la Sierra de Gredos en 1955.

La vida era dura, a menudo miserable. Pero mira el paisaje: cabras y ovejas pastando el matorral, vecinos subiendo a por leña, carboneros, bancales cultivados que fragmentan la ladera, pinares resinados que alguien sube a trabajar cada día. El monte era despensa y fábrica… y por eso estaba limpio. Cada cabra, cada haz de leña, cada cántaro de resina era combustible que salía del bosque. Era un sistema nacional de prevención de incendios financiado por la propia economía rural.

Entre los años 70 y 80 ese sistema se desmanteló. El éxodo rural vació los pueblos, el butano sustituyó a la leña, el pienso al pasto y la petroquímica a los productos del bosque. El campo español pasó de sostener a casi la mitad de la población a convertirse en lo que ahora llamamos, con ese eufemismo miserable pero conveniente, “España vaciada”.

Paradoja que casi nadie menciona: España tiene hoy mucha más superficie forestal que hace medio siglo. Somos uno de los países más forestales de la UE. Pero es un bosque sin nadie dentro. El matorral que antes comían las cabras se ha ido acumulando década tras década. El incendio de este verano es, en términos financieros, el interés compuesto de 40 años de abandono.

Lo que se ve: hidroaviones descargando agua al atardecer, columnas de la UME, ministros y presidentes autonómicos con chaleco de emergencia, ruedas de prensa con cara de duelo y cifras de efectivos desplegados. Todo es fotogénico, emocionante y electoralmente rentable.

Lo que no se ve: una cuadrilla desbrozando en febrero bajo la lluvia, una quema prescrita en noviembre, un rebaño pastando en enero, un plan de gestión forestal aprobado en un despacho gris.

Nada de eso sale en el telediario. Por eso se financia sistemáticamente peor. Los profesionales del sector llevan años diciendo que gastamos la mayor parte del dinero en extinción y una fracción en prevención, cuando la evidencia técnica pide exactamente la proporción inversa. El resultado es una perversión casi perfecta de los incentivos: un político racional (de cualquier color) invierte donde hay cámaras. Un hidroavión da votos; una cabra no.

La prevención es un gasto cuyo éxito consiste en que no pase nada… y en política nadie gana elecciones presumiendo de catástrofes que no ocurrieron. No hay villanos de bigote. Hay un sistema en el que cada actor hace lo que le conviene y el resultado agregado es un país que arde cada vez mejor.

El cambio climático es real, medible, y en Europa avanza más rápido que en ninguna otra parte del planeta. Negarlo es como negar el termómetro. Pero usar el clima como única explicación también es una forma de no hacer nada. Si la culpa es planetaria, ningún gestor concreto es responsable de nada concreto.

La forma honesta de decirlo es otra: el clima es el multiplicador y el abandono del territorio es la base sobre la que se multiplica.

Las mismas olas de calor sobre un monte gestionado producen incendios; sobre un monte cargado con 40 años de biomasa producen monstruos de 30.000 hectáreas que ningún dispositivo del mundo puede parar. No puedes decidir la temperatura desde Madrid, París o tu comunidad. Sí puedes decidir la carga de combustible.

España fue una potencia mundial de la resina. Decenas de miles de resinero vivían de sangrar pinos para una industria que fabricaba barnices, trementina y colofonia. Ese oficio se derrumbó entre los 60 y los 70 cuando los derivados del petróleo lo expulsaron del mercado. Y con él no solo se perdió un trabajo: se perdió al tipo que caminaba cada día entre los pinares, que los mantenía limpios porque le daban de comer y que detectaba un foco antes que nadie. Donde la resina aún sobrevive (Segovia, Soria…) los pinares todavía tienen gente dentro.

La economista Elinor Ostrom (Nobel 2009) demostró estudiando bosques y pastos comunales de todo el mundo que las comunidades conservan los recursos cuando tienen derechos sobre ellos y se benefician de cuidarlos. El monte español confirmó su tesis por la vía de la negación: cuando dejó de ser de alguien en términos económicos, dejó de importarle a nadie.

¿Cuánto cuesta esto? ¿Quién lo paga?

Extinguir una gran campaña de incendios consume cientos de millones en medios aéreos, UME, brigadas, servicios de emergencia y coches oficiales. Suma la reconstrucción, las indemnizaciones, la factura del Consorcio de Compensación de Seguros, el valor evaporado de miles de viviendas en zonas de interfaz urbano-forestal, el turismo que no vuelve y el suelo fértil que tarda décadas en recuperarse. Todo eso lo pagamos los contribuyentes, los asegurados, los vecinos evacuados… tú y yo.

¿Quién no paga nada?

El circo mediático que trivializó la emergencia y los dos políticos escribiendo en una red social. Eso genera audiencia a coste cero y nunca asume la responsabilidad del debate que impidió que se produjera.

Mientras el incentivo de fondo siga intacto (mientras la prevención no dé votos y la extinción sí, mientras el monte no valga nada en la economía real y el espectáculo lo valga todo en la economía de la atención), este vídeo se podrá volver a publicar el próximo verano cambiando solo los topónimos y la fecha.

Tú no puedes bajar la temperatura del planeta este agosto ni reformar la política forestal de tu comunidad tú solo. Pero sí puedes hacer algo que casi nadie hace: negarte a jugar al juego de esas dos casillas. La próxima vez que alguien te exija elegir entre clima o gestión, recuerda que la respuesta real es que uno multiplica al otro… y que quien te obliga a elegir te está reclutando, no informando.

Puedes preguntar en tu municipio qué plan de prevención existe (si existe).

Puedes valorar con tu consumo los productos de un monte gestionado: la madera, el pastoreo extensivo, esa resina de la que ya sabes más que la mayoría.

Y sobre todo, puedes ver el próximo debate televisivo sobre incendios sabiendo exactamente qué es: solo la parte del fuego que da audiencia.

"El monte arde en verano, pero se salva o se pierde en invierno… cuando nadie mira."





lunes, 27 de julio de 2026

Los incendios forestales no van a desaparecer. Estrategias adaptativas

 



Francisco M. Azcárate, profesor de Ecología en la Universidad Autónoma de Madrid, publica un hilo de 29 mensajes en el que desmonta los discursos simplistas sobre los incendios forestales en la península ibérica y propone una mirada más compleja y realista.

El punto de partida es claro: los incendios no van a desaparecer. Hace menos de un siglo el paisaje era muy distinto: menos árboles, menos matorral y pastos mucho más consumidos. El abandono masivo del campo y las políticas de reforestación han generado un territorio cargado de biomasa listo para arder, en un clima mediterráneo que ya de por sí favorece los fuegos (veranos secos y cálidos tras estaciones de crecimiento). Ese cambio no es fácilmente reversible ni deseable: nadie quiere volver a una economía de subsistencia.

Azcárate critica eslóganes como “el monte está sucio” o “los incendios se apagan en invierno”. La gestión forestal (desbroces, cortafuegos, claras…) es importante y se hace, pero no es una varita mágica: los montes gestionados también arden, como se ha visto recientemente en Madrid. Tratar todo lo que no es tronco o copa como “suciedad” es un error.

La solución más defendida es construir y mantener paisajes en mosaico, con más espacios abiertos. Ayudan a frenar la propagación del fuego y aportan beneficios ecológicos, aunque tampoco son inmunes. La ganadería extensiva reduce biomasa y genera fuegos de baja intensidad que se recuperan rápido, pero tampoco elimina el riesgo. Las igniciones (intencionadas o accidentales, e incluso rayos) importan, pero el verdadero problema es el tamaño y la severidad de los incendios, no su número. La orografía y, sobre todo, el cambio climático actúan como potentes aliados del fuego.

La conclusión del hilo es incómoda pero realista: no existe una solución mágica. Hay que aprender a convivir con el fuego, que forma parte del bioma mediterráneo desde hace milenios y cumple funciones ecológicas. Las medidas prioritarias serían:
  • Reducir la exposición (evitar urbanizaciones rodeadas de bosque y crear perímetros de protección alrededor de núcleos habitados).
  • Usar herramientas basadas en la naturaleza: quemas prescritas y pastoreo.
  • Tras un incendio, no reforestar automáticamente, sino rediseñar el paisaje hacia mosaicos y pastos donde sea viable.
  • Combinar educación, prevención, gestión, adaptación, investigación y unos servicios públicos de extinción bien dotados.
Un enfoque honesto, lejos de simplismos, es la mejor forma de reducir pérdidas de vidas, hogares y medios de vida, y de que los equipos de extinción afronten menos situaciones extremas.




domingo, 26 de julio de 2026

La Estrategia Ganadera de la UE reconoce por fin el papel esencial del extensivo en la gestión medioambiental

 




La Comisión Europea reconoce a la ganadería extensiva, particularmente el pastoreo ovino y caprino, como un elemento estratégico para enfrentar algunos de los mayores desafíos ambientales del continente.

Así lo recoge la nueva Estrategia Ganadera de la UE, presentada la semana pasada y que especifica que las ovejas y cabras desempeñan un papel esencial en la gestión del paisaje y en la prevención de incendios forestales. Al consumir hierbas, arbustos y vegetación seca, estos animales reducen de forma natural la carga de combustible disponible, actuando como cortafuegos biológicos y limitando la propagación de fuegos, especialmente en las regiones mediterráneas más vulnerables al cambio climático.

La estrategia destaca que la ganadería extensiva no solo contribuye a la conservación de la biodiversidad y al mantenimiento de ecosistemas abiertos, sino que también ayuda a combatir el abandono rural y fortalecer la cohesión territorial.

Por primera vez, Bruselas posiciona explícitamente a estos sistemas productivos como parte de la solución a problemas como la adaptación climática y la preservación de paisajes tradicionales. «El pastoreo extensivo se convierte en uno de los mejores aliados contra los incendios», señalan fuentes del sector, que celebran el reconocimiento institucional.

Organizaciones como Interovic han acogido positivamente la estrategia, aunque reclaman medidas económicas y de apoyo específicas para garantizar la viavilidad futura de estas explotaciones. El abandono del sector es una de las preocupaciones en Bruselas. La estrategia señala que el declive de la ganadería está estrechamente relacionado con el abandono de tierras en muchas regiones europeas. «El Centro Común de Investigación calcula 29 que alrededor del 11 % de las tierras agrícolas de la UE podrían abandonarse de aquí a 2030, mientras que casi una cuarta parte (1,38 millones de hectáreas) de todo el abandono agrícola en la UE probablemente se producirá en zonas de montaña», añade el documento, que señala que «las zonas rurales tienen un potencial increíble para convertirse en un motor de la resiliencia, el crecimiento sostenible y la preparación europeos».

Por ello, considera que «la creación de zonas rurales económicamente atractivas y habitables ayudará a retener y atraer población, contribuyendo así a la vitalidad a largo plazo de estas regiones». La nueva estrategia forma parte del esfuerzo europeo por hacer que el sector ganadero sea más resiliente, competitivo y sostenible, equilibrando producción, medio ambiente y desarrollo rural. Este reconocimiento podría abrir la puerta a incentivos y políticas de apoyo a los pastores y ganaderos extensivos en los próximos años, valorando su contribución más allá de la producción de carne y leche.




lunes, 13 de julio de 2026

UCCL alerta de peligro de abandono del cultivo de cereal en Segovia




  • En la presenta campaña la producción sufrirá una merma del 45 %, por lo que es necesario implementar medidas urgentes para garantizar la viabilidad del sector.
  • La reducción de la cosecha se suma a los altos costes de producción (fertilizantes, semilla, gasóleo, …) y al desplome de los precios en origen, agravando la difícil situación de miles de explotaciones cerealistas.

Unión de Campesinos de Segovia-UCCL alerta del grave impacto que las altas temperaturas están teniendo sobre los cultivos de cereal. Las olas de calor registradas en el mes de mayo y durante las últimas semanas han provocado importantes mermas de producción que, en numerosas explotaciones, alcanzan ya entre el 40 % y el 45 % de la cosecha respecto de la recogida en 2025, año en que con unos rendimientos elevados se rozó el umbral de rentabilidad.

Hasta el pasado mes de mayo, las perspectivas apuntaban a una campaña muy favorable gracias a las lluvias de primavera. Sin embargo, el intenso calor del mes de mayo y de las últimas semanas ha acelerado la maduración del cultivo y reducido notablemente los rendimientos.

Consultado el sector, Unión de Campesinos de Segovia-UCCL calcula que se ha cosechado un 50 % de la superficie de cebada y un 30% en trigo alcanzando una media en la provincia de Segovia que no alcanza los 2.500 kg/ha en Trigo y apenas supero lo 2.100 kg/ha en cebada

A esta importante reducción de la cosecha se suma una situación económica cada vez más preocupante. La campaña 2025/2026 vuelve a situar a las explotaciones de cereal de Segovia en una situación insostenible. Los precios que perciben los agricultores han caído hasta niveles que, en numerosos casos, ni siquiera permiten cubrir los costes de producción, mientras que los gastos en fertilizantes, carburantes, semillas, maquinaria, seguros y financiación continúan muy por encima de los registrados antes de la crisis.

En muchas explotaciones, las pérdidas económicas se sitúan entre 200 y 400 euros por hectárea, comprometiendo seriamente su viabilidad.

La organización muestra también su preocupación por las condiciones en las que se está desarrollando la campaña de recolección. Las altas temperaturas y la baja humedad incrementan el riesgo de incendios durante las labores de cosecha, por lo que Unión de Campesinos de Segovia-UCCL recuerda la importancia de extremar las medidas de prevención y revisar la maquinaria para evitar incidencias.

Ante esta situación, Unión de Campesinos de Segovia-UCCL valora el anuncio realizado por el Ministerio de Agricultura, pero considera que las ayudas previstas resultan insuficientes para compensar las pérdidas del sector en la principal comunidad productora de cereal de España.

Por ello, la organización reclama ayudas urgentes para el sector cerealista, una mejora del sistema de seguros agrarios y una respuesta firme por parte de la Consejería, acorde con el peso estratégico que el cereal tiene para la agricultura, la economía y el medio rural de Castilla y León.

«Las pérdidas de producción provocadas por el calor se suman a unos precios que no cubren los costes de producción. El sector cerealista Segoviano necesita una respuesta proporcional a la importancia de un sector esencial para nuestra la provincia de Segovia «, concluyen desde Unión de Campesinos de Segovia-UCCL.