La vivienda ha vuelto a ocupar hoy el centro del debate nacional, entre la convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre y unas movilizaciones que mantienen la presión en las calles de Madrid. Mientras en la capital el acceso a una casa se ha convertido en uno de los principales focos de preocupación social, en la España rural el problema adquiere otra dimensión, no siempre se trata de encontrar una vivienda asequible, sino de que exista una vivienda disponible para quien quiere instalarse y construir allí su proyecto de vida.
«No hay un único problema, hay muchos». La gerente de CODINSE, María del Mar Martín, sitúa así el punto de partida para entender las dificultades a las que se enfrenta el nordeste de la provincia. La comarca ha pasado, según sus datos, de unos 32.000 habitantes a apenas 10.000 y, aunque el problema de la despoblación continúa, la realidad ha cambiado, ahora no solo preocupa que los vecinos se marchen, sino que quienes quieren quedarse o llegar encuentren las condiciones necesarias para hacerlo. Y entre ellas, la primera es la vivienda.
La falta de casas disponibles condiciona incluso la capacidad de la comarca para cubrir sus necesidades laborales. Martín apunta que la población inmigrante está permitiendo cubrir puestos de trabajo que no son ocupados por trabajadores locales «por las condiciones, los sueldos o lo que sea», pero advierte de que existen también empleos que sí presentan unas condiciones adecuadas y, aun así, permanecen sin cubrir. El motivo vuelve a ser la vivienda: «Aquellos que vienen o que quieren venir se encuentran el obstáculo de la vivienda».
La dificultad afecta también a quienes ya tienen una vinculación con el territorio. «La gente que puede venir de fuera, como los jóvenes que se quieren quedar a vivir en su comarca, o los que vienen o apuestan por la vida rural no pueden y se encuentran con esas dificultades», explica la gerente de CODINSE. La falta de vivienda se convierte así en una barrera tanto para atraer nuevos vecinos como para facilitar que las nuevas generaciones puedan desarrollar su proyecto de vida en los municipios de origen.
El problema no es únicamente que haya pocas viviendas nuevas. También existe un parque residencial que no está disponible para quienes buscan instalarse. «Hay también mucha vivienda vacía que está abandonada y no se puede usar», señala Martín. A ello suma otra parte de las casas que tienen un uso temporal y cuyos propietarios «no quieren alquilarla o son reacios a ello».
En este escenario, Grajera aparece como un caso singular dentro de la comarca. Su alcaldesa, Alba Barrio Martín, lo resume con una expresión muy gráfica, «Grajera es la rara avis». El municipio ha seguido aumentando su población durante los últimos 20 años, una evolución que la regidora relaciona directamente con la existencia de viviendas disponibles. «Aunque tienes que tener unos servicios, pero lo principal es la vivienda y tener donde vivir», sostiene.
El crecimiento, sin embargo, ha empezado a frenarse. «Nuestra situación actual está un poco estancada, pero porque ya queda poca vivienda disponible», explica Barrio. La alcaldesa considera que la oferta residencial ha sido uno de los principales atractivos del municipio y que, a medida que esa posibilidad desaparece, también se reduce una de las herramientas que hasta ahora habían permitido atraer población.
La evolución de Grajera también está relacionada con un cambio en la forma de utilizar las viviendas. «La segunda residencia sumada al teletrabajo ha sido un aspecto clave», señala Barrio. Personas que antes permanecían en el municipio durante unos pocos días han empezado a alargar sus estancias y a invertir la relación entre el pueblo y la ciudad: «Igual antes se quedaban dos días y el resto se iban a la ciudad y ahora lo hacen al revés».
La alcaldesa explica que no existe un perfil único de los nuevos vecinos. «También depende del tipo de familia que sea», apunta, al referirse a las personas que llegan al municipio, ya sea mediante alquiler o compra. La localización de Grajera y sus conexiones son otros de los factores que, en su opinión, contribuyen a hacer atractivo el municipio. Pero vuelve a situar la vivienda en el centro: «Nuestro principal atractivo es que teníamos oferta de vivienda, como te digo cada vez menos».
Para Martín, recuperar parte de las viviendas que actualmente están fuera del mercado resulta fundamental. CODINSE trabaja también en el impulso de proyectos emprendedores y en las ayudas existentes para poner negocios en marcha, pero el desarrollo económico necesita estar acompañado de población y, para ello, de viviendas disponibles.
Barrio plantea, además, que una parte de la respuesta está en recuperar el patrimonio residencial existente antes de ampliar los núcleos urbanos. «Hay que cambiar la mentalidad, desatascar viviendas, viviendas que están en ruinas, conseguir que sean habitables», defiende. La diferencia no es menor desde el punto de vista económico, mientras las casas abandonadas próximas al núcleo ya disponen de suministros, crecer hacia las afueras obliga a extender agua, luz y otros servicios, con un coste adicional para las administraciones.
La experiencia de Grajera deja así una paradoja sobre la mesa. El municipio ha demostrado que disponer de vivienda puede contribuir a atraer población y que factores como el teletrabajo pueden reforzar esa tendencia. Pero también empieza a comprobar que el crecimiento tiene un límite cuando se agota la oferta residencial. En una comarca que ha perdido miles de habitantes durante las últimas décadas, la cuestión ya no es únicamente cómo evitar que los vecinos se marchen. También es cómo conseguir que quienes quieren quedarse o venir encuentren un lugar donde hacerlo.
Movilidad, sanidad y cobertura, los otros retos de vivir en el medio rural
CODINSE reclama mejores conexiones entre municipios y servicios básicos, mientras Grajera apuesta por compartir recursos y aprovechar el teletrabajo
Tener una vivienda disponible no resuelve por sí solo las dificultades para fijar población. Una vez superado el primer obstáculo, aparecen otros relacionados con la posibilidad de desplazarse, acceder a los servicios básicos o trabajar desde el propio municipio. «Los problemas más grandes son el de movilidad y el de vivienda», resume María del Mar Martín.
La movilidad condiciona especialmente la vida cotidiana. «En la vida de pueblo vives pegado a un coche, para todo», explica la gerente de CODINSE. La dependencia del vehículo afecta a los desplazamientos entre municipios, pero también a actividades tan habituales como quedar con amigos, comprar cuando no existe una tienda en el pueblo o acudir a determinadas actividades. «Aquellos que vengan de la ciudad acostumbrados al transporte público pues aquí pierden libertad», señala.
El transporte a la demanda tampoco termina de ofrecer, según la alcaldesa de Grajera, Alba Barrio Martín, una respuesta adecuada a las necesidades reales. El servicio permite solicitar desplazamientos y adaptar rutas y horarios, pero el problema aparece cuando las actividades no encajan con las frecuencias disponibles. «Tienes la hora de ir al médico, vas, pero igual no vuelves porque tu transporte de vuelta sale en media hora y ya no tienes otro», explica. «No es forma de vivir ni es útil», concluye, antes de señalar que los vecinos recurren al taxi porque les resulta más eficiente.
La sanidad constituye otro de los elementos que pueden determinar la decisión de instalarse en un pueblo. CODINSE señala que el problema afecta a generaciones diferentes. Los jóvenes necesitan tener los servicios esenciales a su alcance para plantearse vivir en estas zonas, mientras que las personas mayores que quieren jubilarse fuera de las ciudades también pueden encontrarse con dificultades. «El abandono de la sanidad a estas zonas les impide quedarse», afirma Martín.
No todos los servicios presentan, sin embargo, las mismas dificultades. Martín pone como ejemplo la educación, que considera «cubierta» gracias a la gratuidad y al transporte escolar. Aunque un municipio no disponga de escuela, explica, el autobús recoge a los alumnos y los traslada hasta el centro correspondiente.
En ese contexto, el teletrabajo representa una de las oportunidades más claras para el medio rural. Grajera ha comprobado cómo esta modalidad, unida a la segunda residencia, ha permitido que algunos vecinos prolonguen su estancia en el municipio. Pero para que esa posibilidad funcione hace falta una conexión estable.
«Una de las principales atracciones es el teletrabajo, pero para ello necesitamos conectividad constante», advierte Martín. La fibra óptica llega «a casi todos los lados», según explica, pero persiste un problema de cobertura móvil que CODINSE asegura no haber conseguido resolver. «Hay pueblos donde no hay ni un poco de cobertura, otros donde en la calle tienes algo, pero cuando entras en casa te quedas sin ella», señala.
Para Grajera, la respuesta a estas carencias no pasa necesariamente por concentrar todos los servicios en un único núcleo. Barrio defiende una estrategia conjunta de los municipios, «para prosperar como comarca, los servicios no se tienen que centralizar en un solo municipio, lo que hay que hacer es unir fuerzas e ir en conjunto todos ofreciendo todo lo posible para que la gente quiera quedarse o venir».
La alcaldesa considera que cada pueblo debe aprovechar sus propias posibilidades y que el conjunto puede ofrecer más que cada municipio por separado. En esa estrategia, la vivienda es el punto de partida, pero no el final. Porque, como resume la experiencia de Grajera y el diagnóstico de CODINSE, para atraer población no basta con disponer de una casa, también hay que poder vivir alrededor de ella.
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